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«Si yo veo a Orlando Bosch delante de mí, no sé lo que haría.»
Por: José Antonio Fulgueiras
30 de Mayo de 2005

Fragmentos del trabajo publicado por el periodista José Antonio Fulgueiras en el libro Welcome Home, bajo el título «Orlando Bosch Ávila: Tiene cientos de muertos clavados en las pestañas».

Paradójicamente, en el propio municipio de Ranchuelo, en el  poblado de San

Orlando Bosch, la mala hierba de San Juan.

Juan de los Yeras, en Villa Clara, nació el 18 de agosto de 1926 Orlando Bosch Ávila, autor intelectual de la voladura del avión DC-8 de la aerolínea Cubana.

Otras biografías señalan que fue en 1922 cuando vino a hacerle mal al mundo. Cuatro años de más o de menos, son poca diferencia para cualquier ser humano;  no para él, capaz de ordenar y poner más de 100 bombas homicidas en menos de 18 meses.

La gente de San Juan agradeció que se fuera pronto del pueblo: «En cualquier jardín nace una mala hierba, pero luego todo el mundo gratifica si el viento la arranca del lugar», alude un campesino veterano que lo conoció en su niñez.

Afirmó Marta López que lo vio nacer, que sus mayores deleites de niño eran aplastar a una mariposa entre sus manos, ahogar a una lagartija en un cubo de agua, o lanzar un avioncito de papel y que este cayera justamente en la hornilla del fogón. El infante reía de gozo mientras el aeroplano entintado se iba convirtiendo lentamente en cenizas.

Los vecinos lo bautizaron con el mote de Piro, tal vez  un seudónimo premonitorio de la piromanía, tendencia patológica a la provocación de incendios y fuegos, animados a carbonizar a personas inocentes.

Orlando Bosch anuncia sus servicios como médico especialista en niños.

Cuando se fue a vivir a Santa Clara, un poeta campesino de su generación le improvisó esta cuarteta que hoy mucha gente recuerda:

Y porque tú eres así
medio baboso y vampiro
lo mejor que has hecho,
Piro,
es el pirarte de aquí.

Luego estudió en La Habana la carrera de Medicina,  y sorprendentemente se hizo pediatra aquel depredador de la flora y la fauna.

Héctor Martínez, a los 57 años de edad, sobre una silla de ruedas recorre las calles de Santa Clara, y muchas veces, cuando alguien lo mira detenidamente, le dice sin que se lo pregunte:

Yo estoy inválido desde niño por culpa del terrorista Orlando Bosch.

Héctor Martínez.

 

Y narra su triste historia:

«Nací con los pies jorobados, pero podía caminar. En 1958, cuando tenía ya diez años, me ingresaron en el hospital de Santa Clara por vómitos y fiebre. Cuando me fueron a dar de alta, el doctor Bosch se  brindó para operarme de los pies.

«Mi papá le dijo: "Mire, doctor, yo ahora no puedo operar a mi hijo, porque lo que yo gano es muy poco". "Eso va por nosotros, no le vamos a cobrar ni un centavo", le aclaró.

«Confiado en esas palabras, mi papá accedió. Pero la operación fue falsa. Trató de enderezarme los pies a  base de yeso, pues la raquídea que le dieron para la intervención quirúrgica la utilizó en otras amistades pudientes. Aquel yeso me afectó la médula y me dejó inválido totalmente.

«El Primero de Enero de 1959, cuando triunfó la Revolución y Santa Clara ya estaba liberada por las tropas del Comandante Ernesto Che Guevara, uno de sus hombres, que era amigo de mi papá, fue a mi casa y me vio arrastrándome por la sala todavía con los pies enyesados.

Héctor no pudo volver a caminar, como consecuencia del mal tratamiento y el engaño de Orlando Bosch.

«Entonces le preguntó al viejo. "¿Marino, que le han hecho a tu hijo?" Y mi papá le contó la historia. El combatiente, al oír aquello, le pidió un cuchillo a mi padre y me quitó aquel yeso que lo tenía puesto desde hacía nueve meses. 

«Después le prometió: "Cuando lleguemos a La Habana, yo lo voy a mandar a buscar". Y así fue. Me ingresaron en la clínica San Rafael en Marianao, me operaron de los pies. Aprendí a moverme con dificultad, pero ya el mal estaba hecho y nunca más pude volver a caminar. Me superé y empecé a trabajar desde  el año 1970 en la emisora provincial de radio CMHW, y estuve allí 25 años hasta que me retiré por la comisión médica.

«Si yo veo a Orlando Bosch delante de mí, no sé lo que haría. Gracias a la Revolución y al socialismo estoy vivo y luchando. Soy muy feliz en mi tierra y camino con los pies de mis valores humanos».

 

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