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¿Cuán inteligentes somos?
Por: Servicio Especial
26 de Septiembre de 2013

El patólogo Thomas Stoltz Harvey no pudo resistir la tentación, y cuando tuvo el cadáver de Albert Einstein en su sala de autopsias del Hospital de Princeton robó el cerebro de uno de los genios más grandes de la historia universal y lo puso en un frasco con formal­dehído.

Desde entonces, mucho se ha hablado del tema. Para algunos, esta es una historia descabellada, pero en internet abundan las noticias sobre el peso, la talla y las más insólitas particularidades del mencionado órgano del genial físico alemán.

 

A la psicóloga Evelyn Fernández Castillo le apasiona el tema de la inteligencia emocional y enfatiza en la importancia de desarrollar una salud emocional adecuada. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

Los científicos han intentado encontrar en él las claves de la inteligencia de un hombre que descubrió, entre otras cosas, la teoría de la relatividad y revolucionó el campo de la Física.

 

Pese a toda su genialidad, Einstein poseía un carácter rebelde, algo excéntrico y no fue el alumno más exitoso en la escuela. Tuvo unas cuantas mujeres en su vida amorosa, in­­cluyendo a su prima Elsa Einstein Lowenthal.

 

Por mucho tiempo, los estudios de la inteligencia humana se centraron en el coeficiente intelectual de los sujetos como un marcador de éxito personal, capaz de augurar un buen futuro.

 

Sin embargo, con el tiempo descubrieron que las personas en extremo inteligentes presentaban problemas para manejar su vida social, mientras otras, con una capacidad más moderada, lograban un éxito incalculable.

 

Todos sabemos del este­reo­tipo del científico loco, en­cerrado en su laboratorio y plagado de mañas y soledades. Aunque la realidad es más rica y variada, no deja de ser cierto que la capacidad de autogo­bernar la vida y tomar deci­siones puede catapultar a una persona o enterrarla en el fracaso total, amén de las notas alcanzadas al concluir sus es­tudios.

 

La otra inteligencia

 

Como bien dice Evelyn Fer­nández Castillo, psicóloga de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, la inteligencia emocional de un sujeto define su futuro tanto o más que la capacidad de mul­tiplicar y dividir con brillantez.

 

«Este término tiene un precedente en los años 80 del pasado siglo, cuando Howard Garden elabora la teoría de las inteligencias múltiples, la cual toma en cuenta no solo el coeficiente intelectual, sino también la capacidad del individuo para relacionarse consigo mismo y con los demás. En este marco aparece el término de inteligencia emocional, acuñado por John Mayer y Peter Salovey en los años 90, y conceptualizado como una habilidad para percibir con pre­cisión, valorar y expresar emociones. También se relaciona con la capacidad de generar el crecimiento emocional e intelectual».

 

Al escuchar la explicación todo puede parecer muy fácil; sin embargo, en realidad cuesta mucho luchar contra las pasiones que intentan dominarnos, sobre todo si existe una dicotomía entre lo que queremos hacer y lo que la razón nos grita que debemos decidir.

 

Heidi Hankins tiene solo 4 años y ya es parte de Mensa, la asociación internacional de superdotados más reconocida a nivel mundial. Esta pequeña, que ni siquiera ha comenzado su enseñanza básica, tiene un impresionante coeficiente intelectual de 159, casi tan alto como Stephen Hawking (160) y Albert Einstein (160).

 

Precisamente de eso se trata, de aprender a conocerse a sí mismo y autorregularse. Este tema cobró mucho auge en el mundo a partir de la publicación del libro La inteligencia emocional, en 1995, del reconocido psicólogo Daniel Go­leman, quien trabajó también como redactor de la sección de ciencias de la conducta y del cerebro en The New York Times.

 

Este inves­tigador definió la existencia de cinco puntos que deben tenerse en cuenta a la hora de analizar si una persona posee inteligencia emocional. «En primer lugar, la conciencia emocional, es decir, la identificación de tus propias emo­ciones; luego podemos hablar del autocontrol; de la automotivación, aun en situaciones adversas; de la empatía, vista como la ca­pacidad para entender al otro con sus pro­blemas, y, por último, de las habilidades so­ciales, o sea, tener amigos, trabajar en equi­po, clave en las habilidades de lide­razgo».

 

--¿Cómo podemos reconocer a alguien con inteligencia emocional?

 

--Por lo general se conocen muy bien a sí mismos. Saben qué sienten y trazan el camino para alcanzar sus metas. Salen fortalecidos de las situaciones adversas y se relacionan bien con las personas, con las cuales establecen fuertes lazos de empatía.

 

--¿Estas habilidades pueden ser aprendidas?

 

--Por supuesto que la inteligencia emocional es educable, sobre todo en las primeras etapas de la vida. En la niñez tenemos a nuestro favor la plasticidad cerebral, y desde el punto de vista psicológico estamos en presencia de una personalidad en formación. Desde ese momento de la vida debemos desarrollar estas habilidades de autocono­cimiento. En el mundo se elaboran ya pro­gramas de educación emocional para in­sertarlos en el proceso docente.

 

En este sentido, la familia de­sempeña un rol fundamental, porque el estilo educativo que utilicen los padres incide en los hijos; una madre autoritaria no podrá formar bien a sus pequeños. También los padres deben ser capacitados para ser educadores emocionales de su descendencia.

 

--Y en el caso de los adultos, ¿también puede enseñarse?

 

--La inteligencia emocional se puede fomentar en cualquier etapa de la vida. La personalidad es dinámica, cambiable, pero la persona tiene que sentir la necesidad del cambio y buscar ayuda profesional.

 

--¿Por qué son importantes estas competencias emocionales?

 

--En la actualidad ha variado mucho la percepción del éxito. Se ha demostrado que muchas personas con un al­to coeficiente intelectual no son exitosas en su vida personal porque se tornan seres tímidos, apáticos al trabajo en grupo. Por otra par­te, también se ha corroborado que la inteligencia emocional resulta factor clave en el aprendizaje, porque el sujeto es capaz de motivarse y buscar otras alternativas si las cosas no van bien.

 

«No puede olvidarse tam­poco que la salud emocional se revierte en el plano físico, pues emociones como la ansiedad, la ira e, incluso, la depresión, tienen un efecto directo en nuestro organismo».

 

--¿Cuán difícil resulta fomentar la inteligencia emocional?

 

--La educación emocional es un proceso continuo y no circunscrito a una etapa de la vida. Aunque no puedo decirles que se trata de algo sencillo, tampoco resulta imposible educar las emociones en aras de proyectar un futuro en el que primen el autoco­nocimiento y la realización personal. (Leslie Díaz Monserrat)

 

LOS DIEZ HOMBRES MÁS

 «INTELIGENTES» DEL MUNDO

 

Estos hombres ilustres trascienden por su fama, pero casi todos vivieron una odisea en sus vidas personales. Aquí están los diez hombres más «inteligentes» del mundo, según la escala que mide el coeficiente intelectual (CI). Los valores de una persona con una capacidad de aprendizaje normal oscilan entre los 90 y 100 puntos.

 

1) Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán que ayudó a fundar el romanticismo, movimiento en el que influenció profundamente. (CI 210)

 

2) Isaac Newton (1642-1727), físico, filósofo, teólogo, inventor, alquimista y matemático inglés que descubrió la ley de la gravedad. (CI 190)

 

3) Galileo Galilei (1564-1642), astrónomo, filósofo, matemático y físico italiano relacionado estrechamente con la revolución cien­tífica. (CI 185)

 

4) Leonardo da Vinci (1452-1519), notable artista y científico de la ilustración italiana. (CI 180)

 

5) Ludwig van Beethoven (1770-1827), compositor, director de orquesta y pianista alemán. (CI 165)

 

6) Wolfgang Amadeus Mozart (1756- 1791), compositor y pianista austriaco, maestro del clasicismo, considerado uno de los músicos más influyentes y destacados de la historia. (CI 165)

 

7) Charles Darwin (1809-1882), naturalista inglés que postuló que todas las especies de seres vivos han evolucionado con el tiempo a partir de un antepasado común, mediante un proceso denominado selección natural. (CI 165)

 

8) Albert Einstein (1879-1955), físico alemán de origen judío que descubrió la teoría de la relatividad. (CI 160)

9) Stephen Hawking, físico, cosmólogo y actual divulgador científico del Reino Unido. (CI 160)

 

10) Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), soldado, novelista, poeta y dramaturgo español. (CI 155)

 

 

 

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