La obra del artista vasco Casto Solano Marroyo muestra a un Che erguido y con un niño pequeño en brazos, en camino hacia el futuro. Al Che de los niños -–como le conocen-- nunca le faltan flores, ni la inquisidora mirada infantil que busca reconocer y reconocerse en el legendario guerrillero. Tampoco le faltan promesas, compromisos y hasta rezos y plegarias, de quienes buscan metas, consuelo y alivio a sus males.
Y son muy pocos los que pueden sustraerse del encanto que emana del rostro del niño desnudo, de apenas unos tres años de edad, que el Che carga en sus brazos. Una década de constantes visitas ha hecho que el bronce se haya pulido en varios sitios; sobre todo en las botas de campaña del guerrillero, bruñidas en las punteras por las miles de manos de diversas partes del mundo que las han tocado. Los presidentes de Cuba y Ecuador, Raúl Castro y Rafael Correa aprecian la escultura del Che durante la visita del mandatario ecuatoriano a Santa Clara. Para revelar dichas interioridades nos valemos de una entrevista que le realizó al artista el profesor e investigador villaclareño Arístides Rondón Velázquez. --Casto Marroyo, usted nació justamente en 1958, el año en que el Che liberó la ciudad de Santa Clara. ¿Cómo se vincula su vida y su obra a la de ese hombre universal? Casto Solano Marroyo, autor de la esultura el Che de los niños. «En mi generación, el Che era un referente liberador y en él quedaban resumidas virtudes que siempre me han impresionado, sobre todo su sentido humano. Uno podía creer que todo era posible. --¿Qué motivaciones tiene su escultura del Che con el niño en brazos? --Resulta un reconocimiento a los valores humanos. Un homenaje a la honradez, a la honestidad, a la ausencia de hipocresía y al valor para defenderlos y soportar renuncias. «Todas esas cualidades morales están presentes en el Che y ni siquiera sus enemigos y detractores pueden ocultar esos atributos.» --En la escultura se pueden apreciar objetos y símbolos diversos. ¿Pudiera usted explicar el significado que les concede? --Con ellos he pretendido representar los valores del Che y sus renuncias. En la motocicleta, el viaje suyo junto a Alberto Granados por Sudamérica. El libro en el bolsillo, su pasión por la lectura y el importante valor que le otorgaba a la formación y educación del hombre.
«El movimiento de su pelo; el de una imagen divina, y la pequeña hamaca colgada entre sus cabellos, un reconocimiento a su sacrificio, a la renuncia a la placentera vida familiar que cambió por una húmeda hamaca en la Sierra Maestra.
«Y en su paso viril y hacia el futuro; la energía renovada que le da el saber que el niño que porta en brazos tiene la libertad en su mano.» --¿Por qué precisamente un niño cargado? --Representa la inocencia y la esperanza, el arma que más rápido cambia al mundo. --¿Por qué escogió como modelo a su hijo Sandro? El niño de la escultura. Sandro. Finalmente, ponemos a consideración de los lectores de Vanguardia, la respuesta de Sandro, el hijo de Casto Solano, a la pregunta de qué opinaba acerca del Comandante Ernesto Guevara, en cuyos brazos una réplica suya se encuentra en Santa Clara, a miles de kilómetros donde vive el adolescente de 13 años. «El Che sabía lo que hacía. Era solidario y una persona de mucha fuerza de voluntad. Creo que sus acciones fueron buenas y debemos ser como él en cuanto a honestidad, humildad y valentía.» |
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